martes, 6 de octubre de 2015

EEUU: "LA TIERRA DE LOS LIBRES Y EL HOGAR DE LOS VALIENTES"

El papa Francisco abrió su discurso ante el Congreso de Estados Unidos elogiando a Estados Unidos como “la tierra de los libres y el hogar de los valientes”.
¿Tierra de los libres? Estados Unidos es un país construido sobre la base de la esclavitud. Es el país que, con creces, encarcela a más personas que cualquier otro. Un país en el que 11 millones de personas —las que trabajan en la cosecha que alimentan al pueblo, y que erigen los rascacielos en las ciudades— no tienen derechos en absoluto y se los persigue acusados de ser “ilegales”. Un país donde el derecho de la mujer a decidir si tener o no hijos cuelga de un hilo o ya no existe. Uno en el que la juventud LGBT es tan estigmatizada y condenada de “pecadora” que sufre de un porcentaje intolerable de suicidios.
¿El hogar de los valientes? Estados Unidos es un país construido sobre terrenos en gran parte arrebatados por medio de genocidio por curas como el canonizado Junípero Serra. Genocidio cometido —a pesar de heroica resistencia— con armas, gérmenes y acero contra gente que no tenía tales armas. Es un país que hoy libra guerras injustas por todo el mundo por el bien de su imperio — por lo general bombardeando desde lejos, lanzando cohetes desde una distancia de miles de kilómetros, o por medio de substitutos pagados. Es un país en el que cualquier policía armado solo tiene que invocar su “temor” racista de una persona negra para matarla a sangre fría.
Y el papa terminó su discurso con “God bless America”.
En su discurso el papa le pidió al Congreso que haga algo “para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana”. Pidió un “aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza ” (a pesar de que al mismo tiempo atacó el derecho al aborto y el control a la natalidad). Les recordó a los congresistas que la mayoría de los estadounidenses son hijos de inmigrantes. Y exhortó a que se librara una “lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales”. Y mandó un mensaje de que si aceptas el marco —el actual orden mundial—, y trabaja para lograr reformas modestas, la Iglesia te apoyará.
¿Pero hasta qué punto se puede avanzar en la lucha contra el deterioro del medioambiente, los feroces ataques contra los inmigrantes, la pobreza y las nuevas formas de esclavitud cuando el punto de partida es que Estados Unidos es “la tierra de los libres”?
El papa Francisco advirtió, y este fue un tema moral central que recalcó con ejemplos y explícitamente: “Recordemos la regla de oro: ‘Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes’. Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: Tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados”.
Veamos el problema con la regla de oro: Los opresores no pueden y no van a aplicarla, y los oprimidos jamás podrán acabar con la opresión si la siguen.
A los opresores jamás se les va a convencer, o incluso persuadir, engatusar o avergonzar para que cumplan con la regla de oro, porque juegan con reglas diferentes — las reglas del capitalismo. Cuando los dueños de una fábrica la trasladan a otro país porque pueden explotar a otros con más rapiña, están obedeciendo la lógica capitalista de expandir o morir. Si Apple no fabricará los Smartphone en maquiladoras chinas donde los trabajadores se lanzan del techo en protesta y desesperación por las condiciones de trabajo que son como estar encarcelados, lo haría Samsung. Por naturaleza, los capitalistas no pueden tratar a los trabajadores cómo estos quieren que se les trate. Si lo hicieran, caducarían en un minuto en este mundo de rapaz competencia capitalista.
Veamos otro ejemplo, a medida que el terrible impacto del calentamiento global hace que partes del Ártico que antes estaban congeladas sean accesibles a rutas marítimas, la perforación para el gas y la contienda militar entre las potencias rivales, los gobernantes de Estados Unidos, China, Rusia y las potencias europeas no pueden tratarse los unos a los otros de la manera que quieren ser tratados. Y cuando concluyen tratados y acuerdos, esos también están sujetos a las mismas reglas. Y las reglas en efecto no son la regla de oro, sino la lógica del capitalismo-imperialismo de sálvese quien pueda. Los gobernantes de los diferentes países no pueden con gusto abrirle la puerta a sus rivales y esperar que les traten de la misma manera. No pueden portarse de esa manera, porque si lo hicieran otro imperio los tumbaría para trepar la escalera del dominio global.
Así que nunca se ha aplicado y nunca se aplicará la regla de oro a los gobernantes de este sistema. No se la puede aplicar a quienes son encarnaciones desalmadas de la lógica del capitalismo.
¡Y la regla de oro no debería ser un estándar de los oprimidos!Correcto, los oprimidos no deberían buscar cómo aprovecharse de otros oprimidos y explotados. Los hombres no deberían dominar a las mujeres. Los blancos no deberían aceptar el racismo sino que luchar contra la supremacía blanca. La gente debería respetar y no perseguir a quienes son diferentes….
La revolución comunista no es cuestión de venganza, ni de “los últimos serán los primeros, y los primeros, últimos” sino de emancipar a la humanidad, eliminar toda explotación y opresión por todo el mundo. 
La auténtica emancipación —la revolución— exige una moral diferente a la “regla de oro”, y un sistema completamente diferente que el capitalismo. Requiere que los oprimidos se opongan a los opresores, y que hagan precisamente lo que los opresores no quieren que se haga contra ellos: Ponerle fin a todo el sistema de explotación con una revolución.

Pero eso es diferente a decir que los oprimidos del mundo y aquellos que aman la libertad deberían hacer con los gobernantes de este sistema sólo lo que los pueblos del mundo quisieran que esos gobernantes hagan con ellos.
Esa es una lógica, o “regla”, que deja intacto, en lo fundamental, al sistema mundial que de manera constante genera horrores para los pueblos del mundo, y que no tiene ninguna solución seria a la brutal pobreza, las guerras injustas, la destrucción ambiental, la opresión de pueblos enteros, la opresión de la mujer, y los millones de otros horrores innecesarios, aunque el sistema haga una que otra concesión, las que por lo general revocará a la primera oportunidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario