domingo, 2 de octubre de 2016

La globalización imperialista y la lucha por otro futuro


Raymond Lotta
Parte 1

A continuación, un artículo adaptado de las intervenciones del economista Raymond Lotta en la Cumbre Campesina Mundial contra el Imperialismo y la Conferencia Popular contra la Globalización Imperialista, celebrada en Filipinas en noviembre de 1996. Esas actividades se organizaron como una forma de protesta contra la cumbre de APEC (Cooperación Económica Asiático-Pacífica), una reunión de los jefes de gobierno de la región.
La conferencia dio lugar a importantes aportes teóricos acerca de la globalización imperialista por el movimiento progresista y revolucionario de Filipinas, entre los cuales se destacó un trabajo presentado por el Partido Comunista de las Filipinas.

Es un gran privilegio estar aquí en Filipinas y participar junto con ustedes en esta firme y desafiante protesta contra el imperialismo. Vengo de Estados Unidos, odiado pilar del sistema imperialista mundial y el mayor opresor de los pueblos del mundo; por eso, siento una gran responsabilidad de solidarizarme con ustedes. Los revolucionarios que vivimos en Estados Unidos entendemos que es imprescindible educar a las masas de nuestro país a repudiar el papel que desempeña en los países oprimidos; de hecho, sin eso no habrá revolución en Estados Unidos. Asimismo, para forjar el movimiento revolucionario en nuestro país, es clave ganar a amplios sectores del pueblo a apoyar toda lucha contra el imperialismo yanqui.
Es muy apto que hagamos esta protesta en 1996, el centenario de la rebelión del pueblo filipino contra el colonialismo español. Poco después de ese heroico levantamiento, Estados Unidos mandó un cuerpo expedicionario a Filipinas para expandir su imperio y dominio de la región. Solo en la isla de Luzón murieron 600,000 filipinos en combate o a causa de hambruna o enfermedades. Un general estadounidense dio esta orden: "Quisiera que maten y quemen; entre más lo hagan, más gusto me dará".
Cabría decir que esa orden dio la pauta para los crímenes posteriores del imperialismo estadounidense: Hiroshima, la guerra de agresión contra Corea del Norte, el baño de sangre que desató la CIA en Indonesia en 1965, la guerra genocida de Vietnam e Indochina, las masacres de alta tecnología en Irak.
¿Cuál ha sido el fruto del imperialismo en la región asiático-pacífica? Bases militares y gobiernos neocoloniales represivos; superexplotación y maquiladoras; miseria y ruina de la agricultura campesina; enorme destrucción ecológica. El imperialismo ha creado una "industria migrante" de gran envergadura: 35 millones de trabajadores dejan la patria y la familia cada año con la esperanza de ganarse la vida en las economías más prósperas de la región. También ha producido una vasta "industria del sexo". Este es el sistema que las potencias imperialistas y sus gobiernos clientistas glorifican en la cumbre de APEC. Quieren fortalecer las cadenas de explotación y dominación, y expandir su alcance bajo esas banderas de la "liberalización del comercio" y la globalización.
“¡Globalización!”, repiten los ideólogos del imperialismo como si fuera una palabra mágica. Nos dicen que ahora “por primera vez, vivimos en una economía global” y que estamos entrando a una “nueva época” en la cual el capital y la tecnología otorgarán prosperidad a los países que busquen agresivamente su nicho en el mercado global. Nos dicen que “oponerse a la globalización es oponerse al futuro” y que nuestra única alternativa es seguir la onda de la nueva economía global... o quedarnos atrás.
En realidad, la humanidad ya tiene más de cien años de vivir en una economía global. Conocemos los resultados y el costo de dicha globalización: la subyugación de naciones enteras, las guerras, las crisis, las hambrunas y la explotación de billones de personas. La verdad es que existe otra alternativa: avanzar nuestras luchas y nuestra causa común de la liberación y la revolución en el mundo entero. Ahora quisiera profundizar acerca de la globalización imperialista y lo que implica para nuestras luchas.

EL CAPITALISMO MUNDIAL: UNA PERSPECTIVA HISTORICA
Desde sus inicios el capitalismo ha tenido un carácter global. El surgimiento del capitalismo en Europa y Norteamérica estuvo totalmente vinculado con el comercio de esclavos de Africa, y con el saqueo de Asia y América Latina. Asimismo, la revolución industrial de Inglaterra estuvo indesligablemente ligada con el crecimiento del comercio mundial, y lo estimuló. La dinámica propia del capital es crear un mundo económico único. ¿Por qué? Porque la competencia lo impulsa a expandir y extenderse, a explotarse el trabajo asalariado cada vez más y en una forma más mecanizada... todo como parte de la búsqueda de ganancias y más ganancias.
Si bien el capitalismo siempre ha tenido un carácter global, fue apenas a finales del siglo 19 que se internacionalizó completamente como resultado del gran aumento de inversiones extranjeras de los países capitalistas avanzados en su inexorable búsqueda de nuevos campos para la explotación. Ese proceso constante de expansión e integración, estimulado por el desarrollo del transporte y las comunicaciones, ha creado una red capitalista global de producción y comercio. Así, durante el siglo 20, sobre todo después de la II Guerra Mundial, las relaciones económicas del capitalismo han penetrado más profundamente en las economías y sociedades del tercer mundo.
La internacionalización de los circuitos del capital--de producción, de mercancías y de dinero--no se puede desligar del papel dirigente del capital financiero en el proceso de acumulación de capital. Unas 300 corporaciones transnacionales de los países imperialistas son dueñas del 25% de los bienes productivos del mundo. Las corporaciones y bancos más grandes e importantes de las economías capitalistas operan de una forma altamente global. En 1995, un 40% de las ventas y un porcentaje similar de las ganancias de las mayores corporaciones transnacionales estadounidenses se registraron en el extranjero. Dos de cada cinco autos de General Motors se producen fuera de Estados Unidos.
La internacionalización del capital es un fenómeno complejo. El capital imperialista tiene un alcance internacional, pero se basa en mercados nacionales (Estados Unidos, Japón, Alemania, etc.). El "mercado nacional" es la "base de operaciones estratégica" del capital imperialista. La mayoría de la producción se hace allí, así como la investigación; es el centro del control y de la propiedad. Para realizar inversión y expansión internacional, los capitales transnacionales necesitan la protección y defensa económica, política y militar de su estado imperialista. Esta contradicción--entre el capital altamente internacionalizado y su base nacional--da lugar a rivalidades, conflictos y guerras entre las potencias imperialistas.
El sube y baja de la economía mundial; los cambios en los métodos y tecnologías de producción capitalistas; la organización y la competencia de capital; tendencias como, por ejemplo, que los alimentos ahora son una mercancía industrial y comercial: todo eso influye muchísimo en nuestras vidas y luchas, nos afecta profundamente. En países como Filipinas, vemos que las tierras que se dedicaban a cultivos para la alimentación (como arroz) ahora se dedican a productos de exportación de lujo (como espárragos).
Ahora, si bien es cierto que el modo de producción capitalista domina y penetra la actividad económica del mundo entero, no es cierto que el mundo sea completamente capitalista. En muchas partes del tercer mundo, la explotación capitalista se combina con formas precapitalistas y feudales de explotación. El imperialismo utiliza esas relaciones económicas, y refuerza todo tipo de relaciones sociales retrógradas y reaccionarias. Las alianzas entre los gobiernos neocoloniales y las clases terratenientes son parte de la estructura de control y dominación del imperialismo.
A pesar de la extensa transformación capitalista que se ha experimentado en el campo del tercer mundo, en una gran parte de América Latina, Asia y Africa el problema campesino y la lucha por la tierra son la base de las luchas del pueblo. El campesinado, así como su opresión semifeudal, sigue siendo una enorme fuerza en el mundo. Además, la forma más alta de lucha campesina--guerra popular dirigida por el proletariado--es el elemento clave para la liberación en la gran mayoría de los países del mundo hoy.
La economía mundial es altamente integrada, como he mencionado, pero también existe una falla fundamental en la economía imperialista mundial: la división del mundo en naciones opresoras y oprimidas. Los países ricos tienen apenas el 15% de la población mundial; sin embargo, absorben el 80% de los recursos del planeta. Esa división, y la distribución exageradamente desigual de las fuerzas productivas, es un rasgo fundamental y permanente de la acumulación de capital y de las relaciones de clase a nivel mundial.
Los países imperialistas son estratégicamente dependientes del tercer mundo como fuente de materias primas y mano de obra baratos, además de mercados. Los países oprimidos son estructuralmente dependientes del imperialismo: sus estructuras económicas se caracterizan por subordinación al imperialismo. A menos que hagan una transformación revolucionaria, seguirán ocupando una posición subordinada en la división internacional del trabajo, y su crecimiento económico seguirá dependiendo de inyecciones de capital y de la demanda de sus productos en los países imperialistas.
Los imperialistas hablan de un "mundo interconectado" económica y tecnológicamente; pero es un mundo dividido en clases y caracterizado por conflictos, un mundo de capitales imperialistas en contienda, y un mundo dividido en naciones opresoras y oprimidas. Es un mundo de los que lo tienen todo y los que nada tienen.

La globalización imperialista y la lucha por un futuro diferente
Parte 2: Sórdidos secretos de la economía global

LA EXPANSIÓN Y CRISIS POSGUERRA
Para entender correctamente las tendencias principales de la economía mundial, es necesario tener presente que el capitalismo funciona dentro de un marco económico-político global definido por un contexto histórico específico. Estados Unidos emergió de la II Guerra Mundial como el rey del estercolero imperialista. El conflicto terminó con la derrota de Alemania y Japón; además, los aliados de Estados Unidos--Inglaterra y Francia--quedaron muy debilitados. Así, Estados Unidos emergió como la potencia imperialista con mayor capacidad productiva, financiera y militar. El desenlace de la II Guerra Mundial fue la reorganización de la economía mundial, y Estados Unidos fue el actor central y mayor beneficiario.
Las economías destruidas por la guerra se reconstruyeron dentro de un nuevo marco mundial, más integrado, de inversión y comercio. Se ayudó a Alemania y Japón a recuperarse con el fin de utilizarlos como baluartes económicos y estratégicos contra la (entonces socialista) Unión Soviética y, después, la China maoísta. Se establecieron nuevas relaciones económicas internacionales y un nuevo orden monetario basado en el dólar. Nuevas instituciones globales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), concretaron y facilitaron esos cambios.
El comercio mundial creció enormemente; sobre todo hubo un gran aumento en la inversión de capital imperialista en el tercer mundo: en los recursos naturales, en la agricultura y--especialmente en los años 60--en el sector manufacturero. Los ingredientes esenciales del auge de la posguerra fueron materias primas baratas, alta rentabilidad de las inversiones en manufactura y la transformación del tercer mundo orquestada por los imperialistas.
Pero, con el tiempo, la situación se transformó en su contrario. La brutal expansión del imperio suscitó resistencia y luchas de liberación nacional. El crecimiento de la economía mundial dio lugar a crisis.
Para principios de los años 70, los imperialistas occidentales se estaban topando con ciertos límites. La revitalización económica de Europa occidental y Japón creó nuevos rivales para Estados Unidos. El costo de librar la guerra genocida de Vietnam fracturó el orden monetario internacional. La inflación mundial se disparó. El sistema del dólar con garantía de oro se resquebrajó. Mientras Estados Unidos contemplaba una derrota en Vietnam, Japón lo estaba suplantando como el principal exportador de capital de la región asiático-pacífica. La rentabilidad estaba en declive en todos los países industrializados avanzados y las inversiones de largo plazo se restringían. Asimismo, el desarrollo dependiente y desequilibrado del tercer mundo creaba nuevas barreras a la expansión imperialista.
Un punto de viraje ocurrió en 1974-75: la economía mundial imperialista experimentó la primera contracción global desde la Gran Depresión (que empezó en 1929) y entró en una crisis estructural profunda. El auge de la posguerra terminó; la posición dominante del imperialismo estadounidense en el orden capitalista mundial se estaba socavando.
Esa crisis se caracterizó por una fuerte baja de crecimiento e inversión. De 1948 a 1973, la economía mundial creció a un ritmo de 5%; pero de 1974 a 1989, disminuyó a 2.5% (la mitad). La crisis también se caracterizó por una aguda inestabilidad financiera: hubo enormes fluctuaciones del valor de la moneda en muchos países y el peligro de quiebra de importantes instituciones bancarias en los años 80.
A su vez, esa crisis global suscitó la crisis de la deuda en el tercer mundo. Por un lado, la baja económica y la menor rentabilidad en los países avanzados a finales de los 70 y principios de los 80, empujó a los bancos a invertir enormes cantidades de capital de préstamo excedente en un grupo selecto de países del tercer mundo. Países como México y Brasil llegaron a ser importantes centros de crecimiento para el imperialismo. Pero, por el otro lado, los países deudores encontraron más difícil exportar sus productos y ganar divisas debido al lento crecimiento de las economías imperialistas y sus medidas proteccionistas. Además, su dependencia de capital y tecnología de los países capitalistas avanzados ocasionó una demanda más fuerte de préstamos y más préstamos.

LA RIVALIDAD ESTADOUNIDENSE-SOVIÉTICA Y EL FIN DE LA "GUERRA FRÍA"
Pero hay que añadir otro elemento importante: la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética socialimperialista se estaba intensificando.
Bueno, la Unión Soviética fue un país socialista, pero en 1956 una nueva clase explotadora tomó el poder y estableció el capitalismo de estado. Los nuevos dirigentes capitalistas se empeñaron en forjar un imperio internacional y empezó a surgir un mundo imperialista "bipolar". Desde principios de los 70, la Unión Soviética se vio cada vez más en la necesidad, y con la capacidad, de enfrentar al bloque imperialista del Occidente. Después, para finales de los 70, la misma Unión Soviética experimentó serios problemas económicos.
El conflicto geopolítico más importante de finales de los 70 y de los años 80 fue este: la crisis de la economía mundial se entretejía con la rivalidad global entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y la atizaba. La situación no podía seguir así: una de las dos potencias tenía que triunfar. Los dos bloques iban inexorablemente hacia la guerra mundial. El desenlace fue que una de las potencias imperialistas, la Unión Soviética, se derrumbó.
El derrumbe de la Unión Soviética y su bloque en 1989-91 es el cambio más importante en las relaciones interimperialistas desde la II Guerra Mundial. La destrucción de la estructura de relaciones internacionales de la época de la "guerra fría" ha llevado a la resolución de ciertas contradicciones, pero otras persisten y se intensifican.
Esos cambios y virajes han producido consecuencias geopolíticas y económicas de gran alcance.
Estados Unidos ha resurgido como la única superpotencia imperialista, con más posibilidades de imponer sus "soluciones" en zonas de conflicto como Sudáfrica y Centroamérica.
El hecho de que la confrontación militar global entre los bloques de Estados Unidos y la ex Unión Soviética terminó significa que los imperialistas occidentales tienen más tecnología y capital disponibles, sobre todo Estados Unidos, que están aplicando a los sistemas de producción y mercadeo globales. Desde luego, Estados Unidos mantiene arsenales capaces de destruir mil veces toda la humanidad, y también sigue realizando asesinas intervenciones. Asimismo, los riesgos geopolíticos a la inversión capitalista en algunas partes del tercer mundo han disminuido.
El campo en que los imperialistas se pelean por mercados se ha ampliado; centenares de millones de trabajadores del antiguo bloque socialimperialista soviético y de China (donde se restauró el capitalismo en 1976, después de la muerte de Mao) se han sumado a una fuerza laboral más integrada del mundo.
Estos cambios son importantes. El capitalismo mundial ha experimentado cierta restructuración y su marco geopolítico global se ha modificado. Eso ha estimulado la inversión, el crecimiento y más reorganización.
Sin embargo, un rasgo particular de la situación mundial actual es que a pesar de todos los cambios, la economía mundial carece de expansividad y manifiesta inestabilidad. Además, para inmensos sectores de las masas en todo el mundo la pobreza y la miseria son peores cada día.
De 1990 a 1995, la producción mundial creció a un ritmo promedio anual de menos de 2.5%. Hoy día, la economía de Europa occidental está estancada y su crecimiento es muy lento. Japón todavía no se recupera de la recesión y crisis financiera de principios de esta década. Rusia experimenta uno de los episodios más bárbaros de la historia económica del siglo 20. Por lo general, en los países imperialistas ni la inversión en fábricas y maquinaria ni el aumento de la productividad ha alcanzado los niveles de la expansión de posguerra. Industrias clave de la economía mundial, como la industria automotriz, experimentan un problema de sobrecapacidad. Una gran parte de los movimientos mundiales de capital son especulativos y de corto plazo. La inestabilidad financiera y monetaria amenazan la economía mundial.
Por otra parte, el tercer mundo sigue con una enorme deuda externa. En 1995, la deuda era el triple que en 1980. Muchos países de Africa sufren los horribles estragos del estancamiento económico, enfermedades y colapso de la infraestructura. México ha experimentado una serie de crisis en estos años. En los países imperialistas se está desmantelando el "estado benefactor", y en el tercer mundo la "austeridad" y los mortíferos programas de "ajuste" del FMI son el pan de todos los días.
Existe una crisis de desempleo a nivel mundial. El bajonazo económico mundial de principios de los 90 ha terminado, pero el 30% de la fuerza laboral está desempleada o subempleada, una cifra que no se veía desde la Gran Depresión. En Europa occidental, uno de cada nueve trabajadores no tiene empleo. En Asia, Africa y América Latina, casi un billón de personas carecen de empleo o ganan un salario inadecuado para mantenerse. En América Latina, el 80% de los empleos "creados" en los últimos años son de la llamada "economía informal": trabajos que pagan una miseria y no son regulados por el gobierno. Cada año unos 75 millones de personas emigran del tercer mundo buscando trabajo.
Durante seis años la economía estadounidense ha experimentado un período de reactivación y ha buscado agresivamente fortalecer su posición en los mercados internacionales. A nivel interno, esa reactivación ha cobrado fuerza debido a reorganización de las corporaciones, reducción de planta, adopción de nuevas tecnologías de información y de reducción de costos, y desalmada restructuración de la fuerza laboral y las relaciones obrero-patronales. Además, Estados Unidos ha recuperado cierta ventaja competitiva a raíz de las dificultades económicas que experimentan Japón y Alemania.
Estados Unidos sigue siendo el país con la economía más grande y más fuerte del mundo, pero su fuerza económica global--su porcentaje de la producción e inversión mundiales--ha disminuido en comparación con el período de 1950 a 1960. La "guerra fría" dejó a Estados Unidos debilitado en el campo financiero. Sus grandes déficits comerciales y presupuestales le dificultan recurrir a medidas fiscales expansionistas y de política monetaria.
Las consecuencias de lo que he descrito han sido sumamente importantes: Estados Unidos ya no puede desempeñar el mismo papel de "locomotora" de la economía mundial. Es decir, no puede estimular el crecimiento y jalar a las demás economías nacionales de la misma manera que lo hizo en las décadas después de la II Guerra Mundial. Lo que también es importante es que ninguna otra potencia imperialista puede hacerlo; o sea, ninguna puede jugar el papel dirigente ni orquestar la economía mundial como lo hizo Estados Unidos en la posguerra. Además, existe una intensa competencia y rivalidad geoeconómica entre Estados Unidos, Japón y la Alemania reunificada.
Hay ciertos elementos contradictorios en la situación mundial, unos favorables y otros no tan favorables para las luchas populares; pero la situación en conjunto da amplias oportunidades para el avance revolucionario; es decir, para que las guerras populares en los países oprimidos se desarrollen más y para que se inicien nuevas; para luchas y preparativos revolucionarios en los países imperialistas; y para crear una situación más favorable por medio de lucha.
UNA NUEVA OLA DE GLOBALIZACIÓN
Estoy consciente de que he abarcado mucho en esta plática, pero todo esto forma parte del contexto para entender mejor la actual ola de globalización imperialista. Durante los últimos 20 años, la economía mundial se ha integrado mucho más. Industrias importantes se han reorganizado a nivel mundial debido a crisis y a nuevas oportunidades de inversión imperialista. La agricultura del tercer mundo se ha integrado más completamente a las cadenas de producción y mercadeo de la agroindustria imperialista. En la operación del capital mundial han ocurrido transformaciones de organización y tecnología, con consecuencias económicas y sociales profundas.
Sin embargo, esos cambios ocurren dentro del mismo sistema imperialista. Es decir, es la misma economía de explotación, la misma política de dominación, y la nueva ola de globalización imperialista dará los mismos resultados: más opresión, nuevos puntos nodales de crisis y conflicto imperialista... y más resistencia.
Esta ola de globalización gira en torno a tres fenómenos interrelacionados. El más importante es esta intensificada globalización de la producción. Las nuevas tecnologías de producción, transporte y comunicación juegan un papel clave en ese fenómeno. Por una parte, han facilitado la división del proceso de producción en a distintos países, así como la coordinación de esas actividades; de esta forma se ha aumentado la tasa de ganancias. Por otra parte, un porcentaje mucho mayor de la producción mundial se organiza firmemente bajo el control y la dominación del capital transnacional.
La intensificada globalización de la producción representa un cambio cualitativo. Se ha globalizado una gama mucho más amplia de actividades de manufactura, del agro y de la industria de servicios. Hoy más que nunca, el capital compara los costos y oportunidades de inversión a nivel mundial; cruza y recruza las fronteras nacionales. Más que nunca, el proceso de trabajo se integra, se transforma y se abarata a escala mundial.
Por una parte, esa producción globalizada se hace en la "fábrica global": distintas fases de producción se realizan en diferentes países. A veces las corporaciones transnacionales la controlan directamente, como ocurre, por ejemplo, en el sector automotriz y otros sectores de gran intensidad de uso de capital. La última ronda de inversiones estadounidenses en la industria automotriz de México combina tecnología moderna y alta productividad con salarios que son la octava parte de los estadounidenses.
Otra parte de la producción globalizada la manejan compañías del tercer mundo, sobre todo cuando se trata de los sectores de gran intensidad de uso de mano de obra (no altamente mecanizados), como las maquiladoras de la industria costurera de Centroamérica y Asia oriental. A veces esto también sucede con la alta tecnología: en Bangalore, India, vemos "plantaciones de alta tecnología" donde producen software para computadoras y los profesionales reciben la quinta parte del salario que se paga en Estados Unidos.
La globalización crea "nuevas jerarquías" de producción imperialista. Los países imperialistas controlan directamente ciertas industrias estratégicas de alta tecnología, como telecomunicación y la industria aeroespacial, pero destinan la industria liviana (como la industria textil) y aspectos del montaje de las nuevas industrias de alto crecimiento (como chips de computadora) a los países oprimidos más pobres. Asimismo, una porción de la industria pesada en declive que se centralizaba en los países imperialistas, como acero y construcción naval, ahora se ha expandido a unos pocos países del tercer mundo. Una parte cada vez más grande de los productos manufacturados de exportación del mundo se produce actualmente en el tercer mundo.
La manifestación más marcada de la globalización desde 1990 ha sido el dramático aumento de la salida de capital imperialista privado al tercer mundo. De hecho, la inversión extranjera directa en las naciones oprimidas se ha triplicado en los últimos cinco años; en 1995, la inversión extranjera en el tercer mundo representó el 35% de la inversión extranjera; en 1988 representaba el 18%. Durante la recesión de 1990-93, la salida de nuevas inversiones extranjeras directas de los países imperialistas disminuyó, pero en los mismos años la inversión imperialista en el tercer mundo aumentó en un 50%. Así que los mercados y las ganancias sacadas del tercer mundo han sido importantes como estímulo a las economías imperialistas.
¿Por qué se da ese aumento significativo en la salida de capital a ciertas regiones del tercer mundo? Por una parte, el capital imperialista necesita reducir costos debido al lento crecimiento y las intensas presiones competitivas de la economía mundial. Necesita movilidad y encaminar las inversiones a donde sean más rentables. Por otra parte, como ya hice mención, la resolución de la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética ha reducido ciertos riesgos y obstáculos geopolíticos a la exportación de capital y tecnología al tercer mundo.
El segundo fenómeno de la nueva ola de globalización, relacionado con el primero que acabo de describir, es la mayor globalización de las finanzas, es decir, la banca, los mercados de capital y la bolsa electrónica (que facilita el traslado de enormes cantidades de capital por todo el mundo). La globalización e integración financiera posibilita la rápida combinación y asignación de capital, y hace más fácil invertirlo y desinvertirlo.
Es la época del "capitalismo cada vez más rápido"; el capital tiene que responder rápidamente a las oportunidades de sacar ganancias. Grandes cantidades de capital de corto plazo salen de un país a otro buscando ganancias rápidas; entran y salen del mercado financiero y de la bolsa de los países del tercer mundo. El gran crecimiento del sector financiero y de movimientos de capital especulativo está estrechamente relacionado con la disminución de la formación de capital de largo plazo en los países imperialistas.
El tercer fenómeno es la globalización de la política macroeconómica de los países oprimidos. Me refiero a la virtual toma de las riendas de la economía de países del tercer mundo por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, provocada por la crisis de la deuda. Esa autoridad externa ha impuesto medidas de austeridad y ajuste que han recortado los salarios y bajado el nivel de vida; asimismo, ha reprogramado esas economías para la producción de artículos de exportación y la mayor integración de los mercados domésticos de riqueza, bienes y bienes raíces a la economía internacional.
Este tipo de control económico no es nada nuevo en la historia del imperialismo, pero cabe señalar dos cosas acerca de lo que ha ocurrido en el tercer mundo durante los últimos 20 años. Para empezar, los programas de ajuste del FMI--se han aplicado simultáneamente a más de 100 países deudores--resultaron en una enorme transferencia de recursos financieros del tercer mundo a los países imperialistas durante los años 80. Igualmente--y siguiendo en los años 90--esos programas han favorecido a la industria manufacturera que utiliza mano de obra barata y aprovecha la pobreza y las grandes reservas de trabajadores del campo. Las medidas del FMI/Banco Mundial han estimulado la integración más completa de la manufactura de mano de obra barata al mercado mundial.
En el campo del tercer mundo, la globalización ha producido una agricultura más capitalizada y mayor proletarización de los campesinos. Pero también produce una explotación más intensa de los campesinos y los pobres del campo. Me refiero a la agricultura de subsistencia, la aparcería, los acasillados y otras formas de trabajo atado o servidumbre, y el trabajo de temporada. Lejos de transformar a todos los campesinos en obreros, el imperialismo está incorporando la opresión semifeudal a su dinámica general de opresión.
GLOBALIZACIÓN, COLUSIÓN Y RIVALIDAD
En cierto sentido, los imperialistas tienen un plan común. Se unieron para caerle encima a Irak. Han usado los programas de "ajuste estructural" del Banco Mundial para obligar a los gobiernos del tercer mundo a pagar la deuda y para crear nuevas oportunidades de explotación y saqueo de esos países. Asimismo, los tratados de "liberalización de comercio" les han servido para abrir las economías de los países oprimidos a más inversión, control y propiedad extranjeros. Los recientes acuerdos de la Organización Mundial de Comercio han establecido el marco de la actividad económica internacional.
Esos acuerdos facilitan la inversión de capital donde pueda sacar la máxima ganancia y posibilitan las ventas en cualquier país que ofrezca el mercado más grande. Además, los imperialistas están formalizando lo que llaman "derechos de propiedad intelectual" para tener más control y sacar más ganancias del conocimiento acumulado de la humanidad.
Pero la nueva ola de globalización entraña competencia para reducir costos y rivalidad entre los imperialistas acerca de cómo se va a establecer la autoridad para imponer las reglas que rigen el comercio y la inversión, es decir, acerca de cuál potencia va a ser la fuerza dominante en ciertas regiones. La región asiático-pacífica es un campo de batalla importante, precisamente porque es la región de crecimiento más dinámico de una economía mundial que actualmente experimenta un crecimiento lento. Estados Unidos y Japón usan foros como APEC (Cooperación Económica Asiático-Pacífica) para impulsar sus propios proyectos económicos y estratégicos en la región.
Un aspecto de la mayor competencia geoeconómica entre los imperialistas es la tendencia hacia la regionalización y la formación de bloques económicos regionales. Estados Unidos está reforzando su control económico de América Latina. Japón quiere afianzar y expandir su posición económica dominante en Asia oriental. Alemania está jugando un papel más agresivo en el continente europeo. Todas las potencias imperialistas comercian e invierten en esas regiones, y Rusia es una especie de comodín ahorita, pero de todas formas existe una tendencia a formar bloques económicos.
Podemos decir que por un lado, la integración regional de Asia orquestada por Japón y la integración regional a través de NAFTA orquestada por Estados Unidos forman parte de un proceso de reducir los costos laborales y aumentar la rentabilidad. Por otro lado, la integración regional es parte de una estrategia imperialista: los rivales establecen posiciones privilegiadas respecto al comercio y la inversión con el fin de competir con mayor eficacia a nivel mundial. Por ejemplo, uno de los motivos de Estados Unidos para fortalecer su posición en el comercio y las inversiones en América Latina es precisamente reforzar su capacidad de competir contra Japón a escala mundial.
LA GLOBALIZACIÓN EN RESUMEN
En resumen, ¿qué es la globalización? Es mayor movilidad geográfica de capital, la posibilidad de trasladar los recursos de un sitio de bajo costo a otro y de usar la amenaza de tales traslados como un garrote contra los trabajadores. Es combinar la tecnología más moderna con la mano de obra más barata y las conexiones del mercadeo mundial. Es mayor penetración de los países oprimidos por los bancos y corporaciones de los países imperialistas. Es quitar las protecciones a los trabajadores y los reglamentos que protegen el medio ambiente con el lema de "armonizar" las normas. Es obligar a los obreros y campesinos a trabajar por salarios más bajos y en peores condiciones.
Estos son algunos de los "sórdidos secretos" de la globalización imperialista. Por una parte, es una tendencia permanente del desarrollo capitalista y, por otra parte, es un ataque económico e ideológico contra las masas del mundo entero.

La globalización imperialista y  la lucha por otro futuro
Parte 3: Inversiones y desarrollo: ¿Para quién?
Raymond Lotta

Los ideólogos de la globalización imperialista afirman que los países del tercer mundo pueden salir del subdesarrollo si atraen inversiones y las combinan con su abundante mano de obra barata, que supuestamente representa la "ventaja relativa" de esos países. En realidad, la movilidad del capital produce competencia entre dichos países para ofrecer los salarios más bajos, la infraestructura más barata y las peores protecciones sociales y ambientales, todo con el objetivo de atraer inversiones.
En Corea del Sur, la cantidad de obreros que mueren en accidentes industriales es seis veces mayor que en Estados Unidos pero, aun así, Nike sale de Corea para Indonesia, donde se paga $2.20 al día. En la "zona económica especial" de Shenzhen, China, se gana 12 centavos la hora y se trabaja 12 a 13 horas al día, siete días a la semana. Esa es la realidad de la "ventaja relativa".
Los imperialistas proclaman que la integración es el destino inevitable de las naciones. Pero, fíjense, en realidad se trata de un proceso muy calculado de asignar capital. De hecho, la inversión extranjera en el tercer mundo está altamente concentrada. En 1995, el 75% se destinó a apenas 12 países. Hasta hace dos años, los imperialistas boicotearon una gran parte de Africa al sur del Sahara, donde el 50% de la población vive en la pobreza absoluta, es decir, al borde de la inanición. Los mercados financieros globales dijeron en la práctica: "que se muera esa gente, que se mate entre sí". Cabe señalar que una gran cantidad del capital que fluye al tercer mundo es de corto plazo: entra y sale rápidamente, respondiendo a los ritmos del mercado global, además de la situación local.
Sin embargo, el problema no es que la distribución de inversiones sea injusta ni que se aproveche mal. El verdadero problema son las mismas inversiones. Es decir, cada centavo de capital extranjero es un yugo para los oprimidos porque esas inversiones y el desarrollo capitalista que estimulan se basan en la superexplotación y producen miseria. Las inversiones extranjeras no son una "milagrosa hormona de crecimiento".
El capital entra a un país como Filipinas cubierto de sangre de los trabajadores de las maquiladoras de Indonesia, las minas de Sudáfrica y los campos de California. Después sale manchado por la sangre de los campesinos, de las obreras que pierden su juventud en las fábricas y de los niños que tienen que venderse para sobrevivir.
Es cierto que la inversión extranjera estimula el crecimiento; pero, ¿qué tipo de crecimiento? Un crecimiento chueco que no produce un desarrollo agro-industrial equilibrado e integrado. No fomenta una tecnología apta para la situación de esos países. Produce mayor dependencia de los préstamos y mercados del imperialismo. Hay que preguntar: ¿crecimiento para quién? La inversión extranjera no favorece el bienestar de la mayoría del pueblo ni libera el potencial humano.
¿Hacia dónde?
Es preciso sacar un balance económico y social del impacto de esas tendencias de la economía mundial en los pueblos del mundo:
  La brecha entre los países capitalistas desarrollados y las naciones oprimidas es tan marcada como siempre. Es cierto que unos cuantos "países de reciente industrialización" a donde se ha canalizado inversión imperialista han cerrado tantito la brecha de producción económica; sin embargo, en 1995, 89 países del tercer mundo estaban en una situación económica peor que hace 10 años. Además, la disparidad de ingreso y la pobreza en cada país están aumentando: el porcentaje del ingreso mundial que corresponde al 20% de la población más rica aumentó de 70% a 85% durante los últimos 30 años.
  La salvaje restructuración de la fuerza laboral mundial. Por una parte, como he mencionado, la manufactura global que utiliza mano de obra barata se está extendiendo, aprovechando la miseria y la gran reserva de trabajadores del tercer mundo. Por otra parte, tanto en los países oprimidos como en los imperialistas, hay nuevas formas más opresivas de controlar y utilizar el trabajo asalariado. Los sistemas de flexibilidad laboral están adquiriendo mayor importancia: contratan obreros, los utilizan de diversas maneras y los despiden cuando hay cambios en los mercados. En todo el mundo está creciendo la mano de obra subcontratada, que típicamente es de corto plazo, con salario bajo y sin prestaciones ni seguridad. A nivel mundial existe una aceleración de la producción sin precedentes.
  Desplazamiento social masivo en el campo del tercer mundo. Millones de campesinos, expulsados de la producción agrícola, tienen que emigrar a las ciudades. Eso ocurre como consecuencia de: 1) la mayor concentración de tenencia de la tierra y los recortes de subsidios rurales que imponen las medidas de ajuste del Fondo Monetario Internacional(FMI)/Banco Mundial; 2) la mayor integración de la agricultura y la ganadería local a la agroindustria mundial de gran escala; 3) la especulación en tierras y su adquisición por corporaciones transnacionales; 4) la mayor penetración de la biotecnología imperialista en la agricultura mundial. En resumen, se están destruyendo la agricultura tradicional y los sistemas básicos de producción de alimentos.
Las ciudades experimentan un crecimiento caótico. Los recursos no dan abasto ante la mayor concentración de industria imperialista en las zonas urbanas y el torrente de campesinos que llegan a los cinturones de miseria. Estas tendencias cobrarán más fuerza en los años venideros y expulsarán de la tierra a centenares de millones de campesinos.
Simultánea y paralelamente con todo eso, la semifeudalidad perdura y se fortalece en el campo.
  Consecuencias para la mujer. La globalización estimula la integración masiva de la mujer a la fuerza laboral del tercer mundo, pero dicha integración refuerza la opresión de la mujer. Por ejemplo, hay una gran concentración de obreras en el trabajo subcontratado, que es muy mal pagado. Asimismo, trabajan en situaciones de control muy estricto, por ejemplo en fábricas que son como campamentos militares. Muchas son trabajadoras eventuales.
Por otra parte, en el campo es muy común que los hombres emigren a las ciudades o al extranjero y las mujeres lleven toda la carga de cultivar las parcelas para alimentar a la familia. También los recortes de salud, nutrición y vivienda en campo y ciudad recaen con más rigor sobre la mujer porque tiene la responsabilidad de ver por las necesidades básicas de la familia.
  Destrucción ecológica. Se está produciendo una catástrofe ecológica en el tercer mundo debido a las extremas presiones de producir al costo más barato, exportar todo lo que se pueda y aflojar las regulaciones. Como ejemplos veamos las crisis de sanidad en las zonas de maquiladoras de México, el agotamiento de los recursos naturales de Indonesia, y la destrucción de la selva tropical de Brasil y los arrecifes de coral de Filipinas.
Estados Unidos
En los países imperialistas--me refiero en particular a Estados Unidos--la restructuración de los años 70 y 80, la globalización y los cambios tecnológicos (atizados por la crisis) han tenido un gran impacto en la fuerza laboral.
Se destaca, por ejemplo, la eliminación de trabajos en la base manufacturera industrial. En Estados Unidos se ha visto una reorganización general de la industria básica, con reducciones permanentes de planta, exportación de producción de componentes, reubicación de operaciones manufactureras, adopción de sistemas de producción de alta tecnología que reemplazan a los trabajadores, eliminación de sindicatos, reducción dramática de prestaciones (de salud y de jubilación) y aumento de trabajo de tiempo medio y eventual.
Todo eso ha tenido un fuerte impacto en los sectores mejores pagados de la clase obrera y ha acelerado la eliminación de trabajos estables de buenos ingresos. Se calcula que hasta la tercera parte de los empleos en Estados Unidos están sujetos a presiones de reubicación global, hecho que le permite al capital bajar los salarios y empeorar las condiciones de trabajo. En esta década los trabajos profesionales también han caído bajo la tijera de la reorganización de las corporaciones. En general en Estados Unidos, la seguridad laboral ha disminuido (entre 1992 y 1995, el 15% de los trabajadores que llevaban más de un año en el puesto perdieron su trabajo) y la intensidad de trabajo ha aumentado.
En cuanto a los sectores más oprimidos y explotados del proletariado, afrontan una situación más y más dura como parte de una verdadera "guerra contra los pobres". Existe un ejército creciente de mano de obra barata, obreros que han sufrido recortes y tienen menores prestaciones y seguridad, obreros de maquiladoras, etc. La disparidad de ingreso, la polarización social y la pobreza están en ascenso en la sociedad estadounidense. El sistema de bienestar social está siendo desmantelado. La clase dominante busca reducir los déficits recortando los servicios sociales y fomentar la competencia entre los obreros más pobres. Se proyecta que un millón más de niños caerán en la pobreza como resultado de la eliminación de los programas básicos de bienestar social.
Satanizan, atacan y criminalizan a toda una generación de negros: los jóvenes que no tienen perspectiva de encontrar trabajo. Uno de cada tres jóvenes negros está preso o bajo libertad condicional. El estado de California gasta más dinero en prisiones que en educación. Lanzan campañas chovinistas y represivas contra los inmigrantes, que se concentran en los sectores más oprimidos del proletariado estadounidense. Militarizan la frontera con México.
Hay dos puntos importantes al respecto: la clase dominante de Estados Unidos fomenta su propio cruel programa de austeridad para aumentar la competividad del capital estadounidense a nivel internacional y se prepara para la posibilidad de mayores trastornos sociales internos.
Nuevas presiones, nuevos trastornos
Quisiera recalcar otro punto: la restructuración y globalización intensifican las presiones y trastornos de la economía mundial.
Veamos, por ejemplo, el colapso de la economía mexicana. Se afirmó que el crecimiento rápido de la economía mexicana era un modelo para otros países tercermundistas que querían ser "tigres del libre mercado industrial". Pues, en el lapso de unos cuantos días a finales de 1994, una gran cantidad de capital especulativo y de corto plazo se retiró de la bolsa de valores, cetes, etc. La crisis del peso llegó como un ciclón; provocó un colapso industrial y una caída de 50% en el valor de los salarios.
Como la crisis amenazaba con desestabilizar los mercados mundiales financieros y de capital, Estados Unidos orquestó un rescate: el paquete económico más grande desde el Plan Marshall [ayuda económica para reconstruir a Europa después de la II Guerra Mundial-Trad.]. Para 1996, el nivel de vida cayó un 20%. Ese fue el costo de los préstamos de emergencia imperialistas. La gente come tortillas cuando antes comía verduras; la desnutrición aumenta en el campo... y los campesinos se alzan en armas.
En resumen, la restructuración y globalización han producido transformaciones importantes de la economía mundial, pero no han creado una expansión vigorosa ni estable.
El programa del FMI/Banco Mundial de aumentar la exportación y bajar el nivel de vida intensifica las presiones para los países del tercer mundo de encontrar nuevos mercados. Las vertiginosas economías de Asia oriental son altamente dependientes del acceso a mercados de exportación; la posibilidad de una crisis financiera al estilo mexicano está latente en países como Indonesia, Brasil, Tailandia y Filipinas. [Esto se escribió antes de la reciente crisis financiera y de la moneda en Asia oriental--Ed.] La relación entre Estados Unidos y Japón--de comercio, moneda y corrientes financieras--es una falla potencial de la economía mundial.
La globalización se plantea como "la onda del futuro", pero el futuro que ofrece este sistema--con toda su capacidad tecnológica--es mayor explotación y opresión de los pueblos de los países oprimidos, así como de los imperialistas. El futuro que el sistema ofrece--con todos sus puntos de contacto globales--es empujar a millones de personas a la mínima subsistencia. El futuro que ofrece--con todas sus inversiones--es economías más chuecas con menos posibilidades de proporcionar servicios básicos y de alimentar a los obreros y campesinos.
¿Qué significa para nuestras luchas?
A veces la gente ve los horrores del imperialismo, pero no ve la posibilidad de luchar. Los imperialistas quieren intimidarnos y nos dicen que el capital es tan poderoso y tiene tanta movilidad que debemos acceder a todo lo que nos pidan.
Pero, en realidad, la situación actual suscita protesta, resistencia y rebelión: motines en Venezuela por el alza de precios, luchas contra el despojo de los campesinos de Sudamérica, batallas en India contra los proyectos hidroeléctricos que desplazan a decenas de miles de sus tierras ancestrales, paro general de trabajadores del sector público en Francia en 1995.
Las mini-crisis de repente abren nuevas posibilidades de lucha. La globalización imperialista produce mayor integración mundial, y los acontecimientos y luchas en una parte tienen un gran impacto en la situación en otras regiones.
Es cierto que se nos plantean enormes retos... pero también existen oportunidades de avanzar nuestras luchas y, en particular, luchas revolucionarias porque si bien el sistema es bárbaro, también es vulnerable. ¿Qué significa esto para nuestras luchas?
En primer lugar, cuando enfrentamos al monstruo imperialista, hay que estar resueltos a librar una lucha militante y a guiarnos por los intereses fundamentales de las masas. Hay que desencadenar su activismo y determinación porque en eso descansa el poder de un movimiento que de veras se guía por los intereses fundamentales del pueblo.
Necesitamos una visión global. Los imperialistas buscan dividirnos y tenemos que encontrar la forma de solidarizarnos. Nos toca tumbar las barreras y estrechar los lazos de nuestra lucha común contra el imperialismo. Los agricultores de India recibieron un gran apoyo internacional cuando lucharon contra las corporaciones estadounidenses que querían obtener patentes para técnicas de cultivo tradicionales. El debate acerca de NAFTA (el Tratado de Libre Comercio) suscitó la actividad de muchas fuerzas políticas a fin de forjar solidaridad entre obreros mexicanos y estadounidenses, y cuando estalló el levantamiento en Chiapas, la actividad se multiplicó.
Los revolucionarios en Estados Unidos tenemos la obligación especial de ganar a amplios sectores del pueblo a oponerse a la dominación yanqui del tercer mundo y a su agresión contra países como Irak. Nos incumbe ganar apoyo a todas las luchas contra el imperialismo yanqui, sobre todo las luchas revolucionarias de nuestros hermanas y hermanos de clase.
Debemos aprender de la experiencia y lucha de compañeros en distintas partes del mundo, por medio de apoyo y relaciones directos, así como de la comunicación y difusión de las lecciones.
Hay otra tarea crucial: apoyar de todo corazón las luchas de vanguardia de nuestro tiempo. Me refiero a las guerras populares maoístas de Perú, Filipinas y, ahora, Nepal, que han movilizado a las masas campesinas en heroicas revoluciones agrarias armadas como el preludio a la revolución socialista.
Los maoístas sostenemos que hay que librar la guerra revolucionaria... porque es la única forma de tumbar el imperialismo y sus compinches nacionales y crear un mundo nuevo... solo la guerra revolucionaria puede desencadenar el coraje y el entusiasmo de los explotados y oprimidos... es imprescindible para resolver los problemas fundamentales del pueblo.
Existe una alternativa a la locura y el sufrimiento del sistema imperialista: la revolución proletaria mundial, que encierra dos corrientes de lucha revolucionaria. Una es la lucha antiimperialista democrático-nacional (de nueva democracia) librada por las naciones y pueblos dominados por el imperialismo. Las naciones oprimidas del tercer mundo han sido los centros de la tempestad de la revolución desde la II Guerra Mundial y estas luchas han brindado muchísima inspiración a los pueblos del mundo, fortaleciéndolos enormemente y debilitando mucho al imperialismo.
La otra corriente es la lucha del proletariado y sus aliados por el socialismo en los baluartes del imperialismo. ¿A poco es imposible hacer la revolución en el corazón del imperialismo? La Rebelión de Los Angeles de 1992 demostró la fuerza de los de abajo en Estados Unidos. No solo afroamericanos sino gente de muchas otras nacionalidades participaron en ese levantamiento; eso puso de manifiesto algunos elementos que serán importantes para hacer la revolución en Estados Unidos.
Esas dos corrientes de la revolución proletaria mundial son la clave para transformar la pesadilla en que vivimos.
Un socialismo viable y visionario
He hablado de los "sórdidos secretos" de la globalización. Pues, existe otro. Una estrategia de suma importancia para los imperialistas es utilizar su "carretera de información" global y todo su aparato de propaganda para bombardearnos y desmoralizarnos. Dicen que este mundo es el único que puede haber, que cualquier iniciativa de cambio está destinada al fracaso y producirá algo peor, que no hay más remedio que rogarles que nos den a las víctimas un trato mejor.
Pero la neta: el imperialismo no sirve; entre más tiempo perdure, mayor será el sufrimiento que produzca. Como dije, existe otra alternativa: le pongo el nombre de "socialismo viable y visionario"; es decir, socialismo cuya visión es poner el mundo al derecho, un socialismo que de veras funciona. Tal socialismo existió en la China revolucionaria. No me refiero al falso socialismo de la ex Unión Soviética y de la China actual, que es una porquería capitalista, sino a la China maoísta.
Los obreros y campesinos de la China maoísta, colectivamente y con el poder político en sus manos, se dedicaron a resolver problemas, transformar instituciones y cambiar su propia mentalidad. Se creó un modelo de desarrollo económico que es muy relevante para el mundo de hoy. China se desligó del sistema imperialista mundial y estableció una economía autosuficiente cuyo punto de partida fueron las necesidades del pueblo y no las ganancias ni las exigencias del mercado mundial. La agricultura fue la base y la industria estaba al servicio de ella.
La tecnología se manejó conscientemente con el objetivo de fomentar un desarrollo económico y social igualitario; no se utilizó para dominar, deshumanizar o desplazar al pueblo, al contrario, el pueblo la dominó. Los obreros y campesinos participaron en las tareas de administración, planeación y gerencia; los gerentes participaron en la producción. Los estudiantes fueron al campo para aprender de los campesinos. Se estaban superando las diferencias que existieron durante siglos entre el trabajo intelectual y manual, entre la industria y la agricultura, y entre la ciudad y el campo. Se luchó contra las relaciones sociales e ideas que degradan a la mujer y generan rivalidades y encono. Fue una revolución continua que luchó contra las fuerzas burguesas y explotadoras, las antiguas y, sobre todo, las nuevas que surgen en la sociedad socialista. Fue una base de apoyo para la revolución mundial.
Pero en 1976, los seguidores del camino capitalista encabezados por Deng Xiaoping derrotaron la revolución. Al analizar esa derrota y las dificultades concretas que la revolución socialista ha enfrentado, algunos concluyen que es imposible forjar una sociedad y economía independiente en el contexto de la economía mundial globalizada. Dicen que el imperialismo es demasiado fuerte y el mundo demasiado integrado; proponen "reevaluar" o, inclusive abandonar, el proyecto socialista.
Para responder, los maoístas planteamos dos puntos. Primero, durante 25 años el socialismo funcionó en China y puede funcionar en otros lugares. En segundo lugar, es cierto que los estados socialistas han enfrentado y enfrentarán enormes retos y obstáculos. A escala mundial, las fuerzas de explotación e imperialismo por ahora son más fuertes que las de la revolución proletaria. Las relaciones económicas y sociales del imperialismo, así como su ideología y cultura, seguirán ejerciendo mucha influencia; y, tarde o temprano, el imperialismo buscará retomar las posiciones perdidas violentamente.
Sin embargo, eso no implica que la revolución es imposible. Significa que el destino de cada revolución está ligado, en última instancia, al avance de la revolución mundial, lo cual implica que cuando las masas logran tomar el poder y construir el socialismo, la nueva sociedad debe, ante todo, servir al avance de la revolución mundial. Ese es el segundo punto.
La revolución socialista es difícil y tortuosa, pero es el único camino a la emancipación y la superación de las diferencias y desigualdades de la sociedad de clases; a establecer una economía socialista liberadora que se caracteriza por el control social, la participación de las masas y el aprovechamiento de los recursos para satisfacer sus necesidades básicas; a crear una sociedad donde la mujer "sostiene la mitad del cielo", hay igualdad de culturas e idiomas, y la meta de la revolución es llegar a un mundo sin clases: el comunismo.
He tocado muchos aspectos de la globalización imperialista. Fíjense: para que el sistema funcione, millones de personas del tercer mundo mueren de hambre... millones en los países imperialistas pierden el empleo... y en el país más rico del mundo, Estados Unidos, se construyen más y más cárceles para los oprimidos. De veras este sistema es obsoleto, pero los buitres quieren convencernos de que es eterno.

Confrontamos un enemigo común. Forjemos lazos fuertes y solidaridad más férrea. Aprendamos uno del otro. Luchemos por otro futuro. Podemos emanciparnos y emancipar a toda la humanidad. 

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